Los niños necesitan aprender, escuchar, expresarse, relacionarse, divertirse, jugar,… para su adecuada formación y desarrollo cognitivo y social, pero para que esto se dé deben existir unas condiciones óptimas. Sin embargo, los padres, y en general los adultos, damos por hecho que los lugares de ocio donde hay niños deben estar repletos de gritos, bullicio y ruido, pero en realidad, ¿debemos conformarnos?

Hace unos años España, al igual que otros países europeos, apostó por locales libres de humo (Ley Antitabaco 2011), y a pesar de que algunos empresarios del mundo de la restauración pusieron el grito en el cielo, hoy podemos afirmar que esta ley sólo ha traído consecuencias positivas, sobre todo en lo que a la salud de adultos y especialmente niños, principales fumadores pasivos, se refiere.

Este es un ejemplo claro sobre el que podemos meditar después de 6 años, pero ¿ocurre lo mismo cuando se afirma que el ruido perjudica gravemente la salud? ¿Pensamos en estos casos también que debemos proteger a nuestros pequeños?

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