Cuando accedemos a un recinto cerrado, como un restaurante, una cafetería, una ludoteca,…, incluso un vagón de tren o metro, nos solidarizamos con el ruido ¿pero esto es bueno o es malo?
Si llegamos a un recinto en el que el nivel sonoro es muy bajo la tendencia es que hablemos a un nivel moderado, si por el contrario, accedemos a un local en el que el ruido de ambiente es muy elevado o se ha ido incrementando porque ha entrado más gente, acabaremos elevando nuestro nivel de voz de forma instintiva. Esto es lo que se conoce como “efecto café”.
Mediante el acondicionamiento acústico de un recinto se reduce este efecto debido a que se consigue que el sonido que queda en el ambiente desaparezca rápidamente, evitando que sus ocupantes acaben gritando para poder comunicarse.
La asociación Oir es Clave ha desarrollado una plataforma web con el nombre “Comer sin ruido” que nace para ayudar a los empresarios de hostelería y restauración a conseguir que sus locales sean acústicamente agradables.

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